La crisis avanza
y ya hasta el Gobierno central lo reconoce. Mientras esto ha ocurrido
los hipotecados hemos visto como ha descendido nuestra capacidad de
adquisición en tanto que nuestro patrimonio, compartido con
una entidad bancaria, ya no vale lo mismo que en años precedentes.
Así, con esta sensación de que te están restando
lo que te queda después de años de esfuerzos, llegas
a enfadarte cuando analizas el entorno en el que vives.
En la plaza, o sea, el mercado y los hiper, los precios
de los alimentos básicos no paran de subir y la bolsa
del día de una pequeña familia que antes costaba
de 20 euros a 30 euros se acerca ya peligrosamente a los 50. Una situación
insostenible si no entran dos sueldos en el hogar. Afortunadamente
la ropa y calzados no galopan en este sentido y siempre nos quedará
el mercadillo, si los vendedores y Gobierno local terminan
el desencuentro existente y llegan a un acuerdo que se pospone -no
se sabe bien por qué- en los últimos meses.
La situación no es buena, no, que se lo digan a Martinsa-Fadesa,
la empresa que representaba las expectativas de dinamización
del entorno que nos rodea. El estallido económico ha roto una
de las esperanzas de nuestro ínclito viceconsejero de Turismo,
Javier Mateo, el portavoz de un futuro mejor que ya se puede visualizar
con el aumento de clientes-turistas que tenemos en nuestros días.
Así, según parece, se puede ver en el tránsito
diario del tren de cristal, ese que emula los camiones de Queipo de
Llano en el 36, con pasajeros provenientes de asociaciones varias
que rememoran el efecto de llenado y vaciado para crear una sensación
en los viandantes de que existe flujo: van llenos y dan el pego.
También Queipo de Llano se caracterizó por ser un innovador
en las ondas, en la utilización propagandística de un
medio de comunicación y por ello aquí en Melilla, fieles
seguidores de la tendencia, le deberían dedicar un espacio
en su homenaje. Al fin y al cabo fue un adelantado en una manipulación
que ahora muchos copian. En fin, qué le voy a exponer de ejemplo
de esto, lector/a, cualquier noticia de los últimos día
vale: la Expo de Zaragoza y la corte de acompañantes; el viaje
singular a Italia; el acuario millonario como revitalizador del tejido
socio-económico; la reforma del estatuto de autonomía
como remedio curativo...
No es extraña la relación entre prensa y poder, son
dos conceptos que se quieren, se atraen y, en algunos casos, se repelen.
En democracia se ven casos de sometimiento de uno a otro que son explicables
por economía dependiente, influencias, proximidad ideológica...
etc. Ahora bien, donde la democracia es simulada, no efectiva, alcanza
tintes grotescos y -en esa línea- me pregunto si es casual
que en las manifestaciones que una veintena de personas protagonizan
en los pasos fronterizos en estos días abunden los periodistas
quienes, es público y notorio, trabajan para empresas que reciben
subvenciones del majzen marroquí. Al fin y al cabo somos hermanos
geográficos y es lógico que las costumbres sean similares.
En este sentido entiendo el desigual trato que se le da en la prensa
a las situaciones de los transportes marítimos y aéreos.
Ves, escuchas y lees informaciones sobre el aéreo y parece
que no se puede hacer más, que es nuestro sino tener que pagar
por un desplazamiento a la Península lo mismo que se abona
por vuelos que cubren una distancia cuatro veces superior, aunque
nadie ha explicado de forma conveniente para qué sirve la cantidad
anual que la Ciudad Autónoma abona a la compañía
aérea. Sin embargo, en el transporte marítimo parece
que existe unanimidad en que va fatal y es culpa del Gobierno central.
Mi impresión personal y de las personas con que me relaciono,
al margen de la política, me indican que ninguna de las dos
formas de viaje, naval y aérea, se acercan al servicio público
adecuado, los transportes son caros y están desfasados con
respecto a las necesidades reales de la ciudad y sus habitantes.
No obstante a lo anterior siempre nos quedarán los festejos
patronales: la feria que une el mar a su nombre y se traslada a la
remozada Explanada de San Lorenzo, transformada en gran plaza de usos
múltiples que nuestro insigne alcalde ha mostrado como un no
va más del urbanismo. Es cierto, siempre quedará como
ejemplo de lo que pudo ser y nunca fue. En casos como éste
siempre me queda la desazón de que no puedo explicar a mis
vecinos/as cuántas cosas diferentes se podían haber
realizado en ese solar con igual presupuesto aunque, claro, es difícil
rebatir el argumento de que antes no había nada y ahora hay
una plaza repleta de fuentes y estructuras metálicas.
También es cierto que antes, con Franco, la prensa no era libre
y que en Melilla sólo estaba el periódico El Telegrama
y la emisora Radio Melilla. Con el paso de los años hemos ganado
en número de periódicos, radios y televisiones pero
siempre me queda la desazón de que no puedo explicar a mis
vecinos/as cuántas cosas diferentes se podían haber
realizado y se pueden realizar con tantos medios ... quizás
sea ésta la crisis que más me exaspera. |