Opinión
22/07/2008
 
Época de crisis
 
La crisis avanza y ya hasta el Gobierno central lo reconoce. Mientras esto ha ocurrido los hipotecados hemos visto como ha descendido nuestra capacidad de adquisición en tanto que nuestro patrimonio, compartido con una entidad bancaria, ya no vale lo mismo que en años precedentes.

Así, con esta sensación de que te están restando lo que te queda después de años de esfuerzos, llegas a enfadarte cuando analizas el entorno en el que vives.

En la “plaza”, o sea, el mercado y los hiper, los precios de los alimentos básicos no paran de subir y la “bolsa del día” de una pequeña familia que antes costaba de 20 euros a 30 euros se acerca ya peligrosamente a los 50. Una situación insostenible si no entran dos sueldos en el hogar. Afortunadamente la ropa y calzados no galopan en este sentido y siempre nos quedará “el mercadillo”, si los vendedores y Gobierno local terminan el desencuentro existente y llegan a un acuerdo que se pospone -no se sabe bien por qué- en los últimos meses.

La situación no es buena, no, que se lo digan a Martinsa-Fadesa, la empresa que representaba las expectativas de dinamización del entorno que nos rodea. El estallido económico ha roto una de las esperanzas de nuestro ínclito viceconsejero de Turismo, Javier Mateo, el portavoz de un futuro mejor que ya se puede visualizar con el aumento de clientes-turistas que tenemos en nuestros días. Así, según parece, se puede ver en el tránsito diario del tren de cristal, ese que emula los camiones de Queipo de Llano en el 36, con pasajeros provenientes de asociaciones varias que rememoran el efecto de llenado y vaciado para crear una sensación en los viandantes de que existe flujo: van llenos y dan el pego.

También Queipo de Llano se caracterizó por ser un innovador en las ondas, en la utilización propagandística de un medio de comunicación y por ello aquí en Melilla, fieles seguidores de la tendencia, le deberían dedicar un espacio en su homenaje. Al fin y al cabo fue un adelantado en una manipulación que ahora muchos copian. En fin, qué le voy a exponer de ejemplo de esto, lector/a, cualquier noticia de los últimos día vale: la Expo de Zaragoza y la corte de acompañantes; el viaje singular a Italia; el acuario millonario como revitalizador del tejido socio-económico; la reforma del estatuto de autonomía como remedio curativo...

No es extraña la relación entre prensa y poder, son dos conceptos que se quieren, se atraen y, en algunos casos, se repelen. En democracia se ven casos de sometimiento de uno a otro que son explicables por economía dependiente, influencias, proximidad ideológica... etc. Ahora bien, donde la democracia es simulada, no efectiva, alcanza tintes grotescos y -en esa línea- me pregunto si es casual que en las manifestaciones que una veintena de personas protagonizan en los pasos fronterizos en estos días abunden los periodistas quienes, es público y notorio, trabajan para empresas que reciben subvenciones del majzen marroquí. Al fin y al cabo somos hermanos geográficos y es lógico que las costumbres sean similares.

En este sentido entiendo el desigual trato que se le da en la prensa a las situaciones de los transportes marítimos y aéreos. Ves, escuchas y lees informaciones sobre el aéreo y parece que no se puede hacer más, que es nuestro sino tener que pagar por un desplazamiento a la Península lo mismo que se abona por vuelos que cubren una distancia cuatro veces superior, aunque nadie ha explicado de forma conveniente para qué sirve la cantidad anual que la Ciudad Autónoma abona a la compañía aérea. Sin embargo, en el transporte marítimo parece que existe unanimidad en que va fatal y es culpa del Gobierno central. Mi impresión personal y de las personas con que me relaciono, al margen de la política, me indican que ninguna de las dos formas de viaje, naval y aérea, se acercan al servicio público adecuado, los transportes son caros y están desfasados con respecto a las necesidades reales de la ciudad y sus habitantes.

No obstante a lo anterior siempre nos quedarán los festejos patronales: la feria que une el mar a su nombre y se traslada a la remozada Explanada de San Lorenzo, transformada en gran plaza de usos múltiples que nuestro insigne alcalde ha mostrado como un no va más del urbanismo. Es cierto, siempre quedará como ejemplo de lo que pudo ser y nunca fue. En casos como éste siempre me queda la desazón de que no puedo explicar a mis vecinos/as cuántas cosas diferentes se podían haber realizado en ese solar con igual presupuesto aunque, claro, es difícil rebatir el argumento de que antes no había nada y ahora hay una plaza repleta de fuentes y estructuras metálicas.

También es cierto que antes, con Franco, la prensa no era libre y que en Melilla sólo estaba el periódico “El Telegrama” y la emisora Radio Melilla. Con el paso de los años hemos ganado en número de periódicos, radios y televisiones pero siempre me queda la desazón de que no puedo explicar a mis vecinos/as cuántas cosas diferentes se podían haber realizado y se pueden realizar con tantos medios ... quizás sea ésta la crisis que más me exaspera.
 
Miguel Gómez Bernardi

 
La Nota del día anterior
06/06/2008
 

 
 
 
 
 
 

 
 
 
 
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