Opinión
21/10/2009
 
La imagen proyectada
 

 La llegada de Jordi Évole, “El follonero”, y el equipo que dirige del programa “Salvados” de “La Sexta” no fue una sorpresa ya que se le esperaba en esta ciudad. Señalo esto porque tuve constancia entonces de que la citada expedición venía a rodar sobre la polémica concerniente al campo de golf, ya que había mantenido contactos previos con diferentes personas relacionadas con este deporte.

Una de estas personas me informó sobre los trámites que siguió el equipo de “Salvados” para poder tomar imágenes en el campo municipal de golf. Deduje entonces que el Gobierno local se había enterado de la noticia y que sus responsables de comunicación actuarían en consecuencia, sobre todo teniendo en cuenta el carácter y la temática tradicional del citado programa televisivo donde el sarcasmo, la broma y la ironía son sus principales características.

En esos días me confirmaron que ya había “cicerones” preparados para guiar al equipo de Évole y salieron a relucir algunos nombres, entre ellos el de un responsable de una de las áreas de comunicación pública, y deduje que ya se habían tomado las oportunas medidas dado el alto precio que nos cuesta la comunicación institucional, la imagen (¿corporativa o proyectada?) de Melilla si se quiere decir con otras palabras (ver artículo anterior sobre el tema).

Así pues el pasado domingo, tras quedar impactado por la competitividad sin escrúpulos que desprende el programa “El Aprendiz”, precedente en la parrilla al mencionado “Salvados”, me dispuse a contemplar con todo el desapego posible a mi ciudad, el producto elaborado por Évole y los suyos.

¿Me sorprendió el resultado?. Es posible. Quizás porque fue totalmente surrealista la aparición del antiguo comandante Zeta informándonos del cambio que efectuó a su singular trayectoria hace tres meses. El resto del contenido era previsible: tópicos-típicos (valla, contrabando, Franco, fascismo...) extraídos para montar un producto en base a una idea preconcebida antes de aterrizar en Melilla.

Lo cierto es que, a excepción de que a un mercadillo se le denominó en rótulos como Mercado Central, el resto de las imágenes correspondieron a diversas manifestaciones de la vida cotidiana de Melilla pero hilvanadas de forma grotesca (o con el ánimo de herir) para dejar la sensación de que la valla y la frontera (el cerramiento y el contrabando) permiten a una sociedad burguesa anclada en el pasado (Franco y signos preconstitucionales) disfrutar de un modo de vida cómodo (sin iva, campo de golf y coches mercedes). Todo ello sazonado con temas musicales (un mundo feliz, soy español...) que contribuyeron a que la audiencia pudiera deducir que en Melilla todavía permanece la España rancia de pandereta, estraperlo y adoración al anterior régimen que, además, ahora, por lo menos uno de sus miembros, después de pasar por un periodo de drogas, se convierte al islamismo no precisamente moderado.

En pocas palabras: mucha “mala leche” en el guión.

Pero la vida sigue y no hay que “callar al mensajero”, o “conveniar” como se suele hacer aquí, sino actuar en esos temas susceptibles de ser polémicos que, aunque son ciertos, no conforman por sí solos las señas de identidad de esta población.

Los responsables políticos deben actuar sobre “la imagen corporativa” de la ciudad y limpiar o edulcorar estos signos polémicos que ha sacado a la superficie el citado programa de televisión que, no nos olvidemos, no deja de ser un espacio de humor. El daño a la imagen proyectada de Melilla hubiera sido mayor si el producto se hubiera elaborado con el mismo objetivo para un espacio informativo. La valla, el contrabando, el campo de golf junto al CETI, la estatua de Franco... son realidades tangibles y susceptibles de poder mostrar a través de un hilo conductor que las aúne.

Actuaciones para llevar a cabo hay muchas ... pero le corresponde a quien ostenta la representación democrática y, por ende, el poder, programarlas.

 
Miguel Gómez Bernardi

 
La Nota del día anterior
26/09/2009
 

 
 
 
 
 
 

 
 
 
 
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