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12/02/2010
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Hay que botar
a las personas mediocres
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Sí, hay que echar, o simplemente arrinconar, a todas aquellas
personas mediocres, trepas, soberbias, intransigentes ... que están
poniendo muy difícil nuestra convivencia democrática,
en momentos arduos en los que, debido a la delicada situación
económica, afloran las debilidades del sistema por el que nos
gobernamos.
Ahora no hay que callar porque la historia nos enseña que las
crisis económicas siempre han conllevado el acceso al poder,
o la permanencia en éste, de personas mediocres, acomplejadas
que han influido, a través de mensajes radicales o populistas,
de forma drástica en una sociedad desorientada por carencia
de expectativas de solución.
Estamos inmersos en un clima de pesimismo sostenido por unos datos
alarmantes (desempleo, escaso poder adquisitivo, anuncios de recortes
en el estado del bienestar,...) del que es muy complicado escaparse.
Por ello hay que dejar atrás a esas personas que de forma cotidiana
sólo inciden en la herida abierta, en los mensajes negativos,
en el odio y rechazo del adversario... Esa tendencia es peligrosa
y adereza un caldo de cultivo ideal para la intransigencia y los radicalismos
extremos que buscan cualquier excusa para hacer detonar sus acciones
identitarias.
No es momento del mensaje de rechazo, de la crispación como
camino hacia el poder o sustento de éste. Hay que cambiar las
formas ya que la sociedad necesita ilusionarse por un futuro mejor.
Necesitamos creer que hay futuro sin perder las conquistas sociales
de las últimas décadas y sobre todo que, en libertad
democrática, adaptemos nuestra estructura a los cambios que
se están dando a nivel global no sólo en el orden económico
sino también -y ello es evidente cada día que pasa-
en el medio ambiente.
En estos días se han publicado los resultados de las últimas
encuestas sobre valoración de la clase política, los
cuales indican que la ciudadanía siente su lejanía y
que la indiferencia preponderante en los últimos años,
el desapego hacia la política, está dejando paso al
enfado generalizado sobre las acciones de sus máximos responsables
o líderes.
¿Qué podemos hacer?. Rescatar el espíritu de
la Transición que tan buenos resultados
nos dio y, en cierta forma, es el mensaje que se desprende de la intervención
de ayer de Juan Carlos I: es la "hora de grandes esfuerzos
y de amplios acuerdos para superar juntos, cuanto antes y con la debida
determinación, las graves consecuencias de la crisis, y para
recuperar un crecimiento fuerte y duradero, cada vez más basado
en la Ciencia y la Formación". Una vez más
el monarca actúa como mediador en momentos delicados... y este
mediodía comienza su ronda de contactos recibiendo en la Zarzuela
a los secretarios generales de UGT, Cándido Méndez,
y CC.OO., Ignacio Fernández Toxo.
Habrá que confiar en que el diálogo aporte soluciones.
Melilla
A nivel local, aquí en Melilla, como normalmente ocurre, la
situación descrita es más drástica aunque el
velo protector del Estado oculte o desvíe los indicadores socio
económicos. Muestra de esto último se puede deducir
de la intervención de ayer del presidente de la Asociación
de Comerciantes de Melilla (ACOME), Enrique Alcoba, quien, durante
una intervención sobre las repercusiones que tendrá
la implantación en la ciudad de un gran centro comercial, recordó
la destrucción del tejido industrial y comercial de Melilla
en las últimas décadas: cierre Minas del Rif, desaparición
de la flota pesquera, cierre de las fábricas conserveras, profesionalización
del Ejército y anulación de las juras de bandera,...
En definitiva, estas declaraciones, por defecto, constituyen una confirmación
de que en los últimos años para nuestro progreso o estabilidad
dependíamos cada vez más de las nóminas que abona
el Estado (a un tercio de la población activa entre funcionarios
estatales y transferidos), y de sus inversiones y de las realizadas
con los Fondos Europeos. Sin embargo, estas fuentes parecen que han
disminuido su caudal y ya se anuncia que habrá nuevos recortes
en futuro próximo.
Por todo lo anterior, con una cuarta parte de la población
activa en desempleo, otra cuarta parte con empleo precario y en el
enclave tan característico de cruce de etnias y religiones
diversas, hay que reconocer que estamos en una situación delicada
ya que la historia nos recuerda que somos el volcán calmado
que puede despertar. Por ello no se comprende la falta de sin razón
imperante en nuestra clase política y ejemplos no faltan en
los últimos días, meses o años.
Hay que rescatar el espíritu de la Transición.
La ciudadanía debe despertar y participar en el sistema porque,
si no, estos pocos que protagonizan la actualidad política
y que se han convertido en profesionales que se benefician de los
resultados de la crispación, nos llevan a una dudosa convivencia.
Por higiene democrática hay que buscar relevo a personajes
tan desgastados y ya escasamente creíbles.
Ah, por último, también sería higiénico
que los medios de comunicación dejaran de depender del erario
público ya que, entonces, también serían más
creíbles porque no se debe olvidar el papel fiscalizador, o
de supuesto testigo imparcial, de las acciones del poder que les otorga
la sociedad.
P.D.: No me refiero al tema del enfrentamiento entre los
dos supuestos empleados públicos porque mi médico
me dijo un día que vomitar está contra indicado para
la salud. ¿Dónde ha quedado la ética profesional
en el periodismo de esta ciudad?. |
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Miguel
Gómez Bernardi
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La
Nota del día anterior |
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