Colaboración literaria
 
El estrecho más ancho

Primera parte
 
Las dos madres
 

- Buenas tardes señoras ¿podemos hacerles unas preguntas? estamos haciendo una encuesta y nos gustaría tener la opinión de personas mayores. - ¿Creen ustedes que hacen falta más albergues para ancianos en nuestra ciudad?. ¿O creen que sólo se deben mejorar los ya existentes?.

- No lo sé joven, creo que a los ancianos no se les debe recluir en asilos.

- ¿Y usted señora, que opina, cree que el albergue está bien acondicionado para las necesidades de los mayores?.

- Habéis espantado los pájaros,  siempre andáis con prisas, como si el mundo se fuera a acabar ya.

- Hola soy Susana, mi compañero y yo nos disculpamos por haber espantado los pájaros. Hamed es muy impulsivo, siempre le digo que haga las cosas con más tranquilidad, pero ustedes ya saben como son los hombres, y como ya les dijera mi compañero, estamos haciendo una encuesta entre la población de los mayores para recoger información de sus necesidades, queremos eliminar esos escalones tan altos que hay a la entrada del albergue y también queremos poner un paso de peatones y contratar un par de auxiliares más; pero para eso necesitamos el voto de la mayoría ¿quieren darme sus datos?.

- Vayámonos Mercedes que es la hora de rezar.

- ¡Rezar!, ¡rezar! ¡Siempre estás rezando!, ya has rezado bastante mujer, no creo que Alá te castigue porque no reces un día ¡hala vamos!.

- Eso es lo que deberías hacer tú también, ya no vas ni a la iglesia, y cada vez que estornudas dices, “Jesús” pero de rezar nada, mira Mercedes sé que tienes un corazón muy bueno y que ayudas a mucha gente, también estoy segura de que Alá no castigará a una mujer como tu, pero te falta algo mujer; no sé que es, creo que deberías colocarte un pañuelo en la cabeza para tapártela y dejar de echarte tanta pringue en la cara.

- ¡Cállate ya!, ¡que no sabes lo que estás diciendo!, ¡tú si que eres fanática! mira que cada vez que salimos a dar un paseo, tenemos que volver a casa cuando más a gusto estamos; que, si la oración del mediodía, que, si la de media tarde, que, si la de la puesta del sol, ¡hija, ya puedes rezar un día si y  otro no! y dejar de tanto fastidiar, que, por cierto, has estado grosera con los muchachos, podrías haber sido un poco más amable al fin y al cabo ellos estaban haciendo su trabajo.

Una mueca de tristeza se había dibujado en la cara de Fátima, surcada por décadas de paciencia misteriosa. Nadie sabía lo que aquella mujer esperaba Pero cuando se la observaba, se tenía la sensación de que ella estaba viendo con claridad lo que anhela, y que era solo cuestión de tiempo el alcanzarlo. Mercedes, su compañera era la única que parecía estar compartiendo con ella ese misterio. Se las veía muy a menudo, cuando andaban de paseo por la ciudad de Melilla, debatir sobre cosas que parecía a nadie importar. A veces marchaban en silencio absoluto como si de una pareja enfadada se trataba, para después de largo rato oír a una de las dos recriminar a la otra, el no decir nada.   

- ¡Solo piensan en llevarnos a los asilos!, no saben que nosotros los viejos como ellos nos llaman necesitamos muy poco, aunque  ese poco lo necesitemos mucho; no entiendo porque mandáis a los mayores a los asilos, y no lo entiendo por mucho que me esfuerce; ¿qué ha pasado con Sebastián, con Josefa, con Kaddur y con tantos otros amigos nuestros?, sabes muy bien como han acabado sus últimos días; encerrados y solos en esos malditos asilos, la vida es muy injusta, pero la culpa la tienen sus hijos que son todos unos egoístas y que solo piensan en divertirse, primero los crías sufriendo por ellos y cuando crees que lo has conseguido y puedes descansar un poco cada cual agarra su maleta y se larga diciendo: ¡mamá he encontrado un albergue donde vas a estar muy bien!, tienen de todo, solo tienes que pedir lo que necesitas y te lo llevan!; ¡yo no entiendo a estos cristianos tuyos!.

- ¡Cállate ya!, haz el favor, me hablas de los míos, y los tuyos, ¿dónde están? yo no creo que estén mejor que los que están en los asilos, al menos éstos comen, beben y no pasan frío; he  pensado muchas veces irme a la península, pero  no puedo dejar esta tierra ni te puedo dejar a ti gruñona; me he acostumbrado tanto a ti que hasta me has viciado con tu ramadán, y a veces cuando rezo el Padrenuestro me equivoco y digo Alá nuestro. Que Dios me perdone.

- ¿A qué Dios te refieres?

- A Jesús, ¿a quién, si no?

- Jesús no es Dios.

- ¡No vayamos a empezar de nuevo Fátima!  Jesús, Alá,  Yahvé, que más da como se le llame, Él, es el sabio y sabe que nosotras no sabemos y con eso basta.

Mientras conversaban las dos ancianas habían llegado a casa que estaba situada a unos trescientos metros del parque.

- ¡Anda,  vete a rezar!, que yo prepararé el café.

Mientras Fátima rezaba, Doña Mercedes preparó café y lo puso sobre  la mesa como de costumbre y se sentó encima de su piel de cordero y echando mano de su bolso sacó la estampa con la imagen de la virgen con su hijo en brazos, y le dijo después de besarla:

 -Gracias Fátima por todo lo que eres para mí, y juntando Mercedes las dos  manos  elevó una oración al Altísimo.

 (Apiádate ¡OH! Señor de esta gran mujer, ella que nunca necesitó nada, Tú, Señor, siempre has sido su compañía, y aunque ella te llame Alá es a Ti a quien reza cinco veces al día, y haz que se cumplan sus deseos de llegar un día a visitar la Meca, a Ti doy las gracias por hacer que coincidamos en este tiempo,  ella lo es  todo para mí, y por favor que yo no muera antes que ella porque aunque ella lo disimule, sé que si se queda un solo día sin verme, éste se le haría interminable)

 Apenas unos minutos habían transcurrido desde que Fátima se fuera a rezar, pero, que, a  Mercedes se le antojaban horas, puestos los ojos en la puerta esperando que su amiga apareciera, cada segundo era interminable; un sentimiento de angustia se apoderó de ella, empezó a temblar y a sudar mientras se ponía de pie sin poder articular palabra alguna, el corazón aceleró su marcha y la mente se puso en blanco, de un salto se abalanzó sobre su amiga que yacía inerte en la postura de (suyud) hincada de rodillas, la frente tocando el suelo y la cabeza entre sus manos sobre su pequeña alfombra.

- ¡Dios mío!

Fue lo último que pronunció  Doña Mercedes, o, la Maestra, como la llamaban sus amigas.

Dios había oído sus plegarias, e hizo que ambas regresaran junto a Él como ellas lo habían deseado.

 Cuando nuestro amigo Mimón el hijo de las dos madres entró en casa las encontró una junto a la otra abrazados sus cuerpos porque sus espíritus semejante a dos gotas de agua que caen en la inmensidad del océano habían regresado a su origen, y Dios se les apareció a cada una de ellas en la forma que cada una creía que era, después se les apareció en una y única forma de explosión de belleza inigualable e incomparable.

Cuando hubo  que enterrar a las dos mujeres la  opinión de los que las conocían estaba dividida porque querían que fuesen  enterradas juntas; los   musulmanes querían que fuese en Sidi wariach y los cristianos en  Purísima Concepción pero las costumbres no lo admiten, de lo que casi nadie se daba cuenta era que no podían separarlas aunque una fuese enterrada en oriente y la otra en occidente.

 Fue nuestro amigo Mimón el hijo de las dos madres quien decidió.

-Ellas dos siempre han respetado las creencias de cada una de ellas, y si en vida fue así, así debe ser también ahora.

Entre lágrimas pronunció estas palabras como oración homenaje:

- (Yo he tenido dos madres y las dos me acompañarán siempre porque me han dejado dos herencias, las más grandes que nadie jamás heredó, y aunque en la historia de la existencia se nos antoje que han transcurrido siglos, sin embargo ahora veo que nacen y mueren universos en un parpadeo que parece durar miles de millones de años, y que el universo más grande cabe en la más ínfima mota de polvo).

 Mercedes fue enterrada en  Purísima Concepción y Fátima en Sidi Wariash, las dos fueron enterradas según sus creencias, y por vez primera musulmanes y cristianos estuvieron juntos con verdadero sentimiento de unidad frente a la pérdida de sus dos símbolos, y es que el amor que había nacido entre éstas dos almas era sincero, y fue esta sinceridad la que lo elevó a tan alto rango. La amistad tiene un poder excelente, si su raíz nace del respeto y se desarrolla en la sinceridad.
 

 
Mimón
 

Cuando acabé la presentación el silencio se había adueñado del lugar que solo fue interrumpido por la llamada del dueño del cafetín a su camarero que había estado escuchando la narración con la bandeja en la mano llena de vasos de té.

-Te felicito amigo. Me dijo Mimón.  Has contado detalles que ni yo mismo recuerdo con tanta precisión. Pero ya han pasado décadas y ahora desde los altos acantilados de los Cortados  contemplo  las azules aguas donde la mayor parte de mi  vida transcurre, recuerdo cuando mis madres me llevaron allí por vez primera y me sentaron por turnos  encima de sus rodillas junto a una pequeña charca que forma la marea alta, yo hice  lo mismo con mis  hijos, a todos enseñé a nadar en esas aguas limpias y cristalinas del Aguadú, donde las fieles gaviotas vuelan y pescan  diariamente sin abandonar jamás su mar; como esas gaviotas yo también soy fiel a mis Cortados y desde lo alto rindo culto a mi más de medio siglo de  fidelidad, porque desde ese lugar  se divisa el monte Gurugú, y desde el monte Gurugú se divisa Melilla como una perla que adorna el cuello de una adolescente, jovial y sonriente, como un anhelo, que en el secreto de los sueños de mucha gente, es transformado en un hondo suspiro que sale de las almas de miles de desheredados y desahuciados. ¿Es que no os dais cuenta de lo que ocurre?, muchos han abandonado a sus seres queridos y la tierra que los vio nacer para acercarse a Melilla, puerta de sueños y prisionera de su propia belleza y su gran corazón; porque pequeña es,  lo que la hace grande no es más que su generosidad y compasión por todo aquel que a ella se acerca, es como un pozo en medio del desierto que da de beber al sediento, una sombra que cobija del arduo sol, una sonrisa al inmigrante tembloroso y desconcertado un reposo para el viajero agotado.

Ahora su belleza es anhelada por muchos seres y eso ha provocado en nosotros unos terribles celos que le hemos colocado un burka, borrando de su faz esa  inocente sonrisa. Por su generosidad la hemos coronado  de alambre de espino y le hemos dicho.- Si eres la Reina de los necesitados, ésta es tu corona.

Miles de historias de sufrimientos y lágrimas la cercan, mezcla de dolor y placer. Años, quizás décadas llevaban olvidados los moradores de los pinos del Monte Gurugú,  que están pero como si no estuviesen. Mientras solo se satisfacen con alimentarse de lo que tiran los vecinos que a veces son más pobres que los propios refugiados; nadie se da cuenta de su estancia.

 (Que triste es ser ignorado aún tropezándose contigo). Gurugú, vergüenza de nuestra civilización, último obstáculo en el sueño del sufrimiento desde donde se divisa Melilla, símbolo del progreso y el bienestar, símbolo de la igualdad de oportunidades, símbolo del triunfo sobre el dolor y la miseria. Pero unas vallas metálicas separan los dos mundos. Melilla no deja de ser eso, solo es un símbolo.

 Las civilizaciones dejaron fuera a muchas almas que vagan como fantasmas por los desiertos del purgatorio. Con la alianza de estas civilizaciones tiemblan los corazones.

Y alzando su vaso de té, Mimón brindó en silencio. Nadie supo por qué o por quien había brindado.
 

 
 
El mar
 

- Háblanos del mar tú que le venciste. Le  dijo Musa.

- Sí, si, háblanos del mar tú que le burlaste. Le dije yo.

- Porque dicen que es malvado y traicionero. Dijo Ali.

- Es misterioso e inconsciente. Continuó Arifi

- Se ríe de todos y no llora por nadie. Dijo Agustín.

- No habléis así del mar, ¿No sabéis, acaso que él es el Rey? el mar es muy profundo y su profundidad es como el alma del ser humano, es muy bravo y su furia es incontrolable, él es muy vasto, su grandeza es inalcanzable, y es poderoso porque  vence al viento en sus disputas.

El mar es inmortal, se transforma ante los contrastes y navega en sus propias aguas.

El mar es misterioso, se parece mucho a los hombres, quien os dijo que yo lo burlé, se burló de vosotros, yo solo lo amé, y durante muchas noches le oí hablar, algunas tardes cantar, y por las mañanas filosofar, él me enseñó a escuchar, ¡qué gran maestro es!

Tratando de hallar la respuesta me perdí a mí mismo, él me encontró de noche y me dijo: - Quien se alaba a sí mismo no entiende el significado de las palabras, él me enseñó a reír, ¡qué gran músico es!

Cuando la soledad abandonaba todos los lugares y venia a reunirse conmigo, yo me creía feliz en su compañía, pero con sus canciones el mar me descubrió la trampa de la soledad. Nadie puede estar en compañía de la nada, me dijo.  Y  cantándome bellas canciones que al son bailan las olas y amanecen los días, yo disfruté contemplando el espectáculo y hallé  la respuesta en nuestra unión. 

¿Podían separarse las olas del mar? - ¡Qué ciegos están aquellos que os dijeron que yo vencí al mar!, la única batalla que yo libré es contra mí mismo, mi jihad contra la ignorancia que me hacía creer que yo existía por mi mismo y que  tenía poder, pero que mis días estaban contados y debía aprovecharlos para sacar el mayor partido de ellos, porque cuando éstos se acabasen se habría acabado todo. Un pánico insoportable fue el resultado de semejante atrevimiento, por eso busqué el mar y en él me sumergí, pero fue  él quien me encontró, se me apareció en forma de poeta y me recitó bellas estrofas que impregnaron mi ser de dulce e íntima tristeza, haciendo que me reúna conmigo mismo en su interioridad, para seguidamente cambiar de forma y ser el mismo poema que me arropaba y llenaba mi alma de sabiduría. Otras veces se convertía en una hermosa mujer de encantos cautivadores y de mirada enamorada que cuando me abandonaba dejaba una honda huella en mí que me enloquecía de anhelo,  y mi amor por ella superaba al del poeta por su inspiración.

- ¿Porqué te alejas de mí, y me haces sufrir? Le decía yo.

- (Yo no soy tuya me dice. Pero si quieres, tú puedes ser mío; si tanto me amas haz como la mariposa que va en pos de su amor buscando la llama, y que cuando está próxima es la llama la que progresa hacia ella y la absorbe completando así su unión).

¡Qué extrañas palabras éstas y cuánta profundidad encierran para un mortal que como yo solo se buscaba a sí mismo!
                      
Otras veces desaparecía toda visión y era el aroma de un dulce perfume el que ocupaba todo lugar y  me invitaba a una placentera meditación, haciéndome olvidar de todo entorno y retorno.

Yo era como el pez que nadando en sus aguas y preguntaba,  ¿qué es el mar?

 Cuando me despedí de él  y regresé a tierra firme, encontré agitación. Las olas eran violentas por las enormes tempestades desatadas por vientos huracanados de intereses superficiales y vanidades disfrazadas de sentido común.

¿Cómo voy yo a luchar contra el mar? Si me confundo con él. Una vez Él  tomó la forma de una pacífica anciana y yo me abracé a ella que me recibió con una sonrisa, como una bendición que todas las criaturas recibimos en forma de lluvia, que, hinchándonos con una felicidad hace que estallemos atomizándonos  recibiendo un calor sosegado y en cada uno de nosotros depositaba un misterio como un puzzle que se descifraría cuando todos estuviésemos unidos. Es el mar quien me reveló los secretos ocultos que la tierra esconde, y conociéndole a él  os conocí a vosotros. Es el mar quien me aconsejó diciéndome. -Si aún no sabes lo que quieres, vete junto a los tuyos que allí encontrarás lo que buscas.

Por eso estoy ahora aquí entre vosotros intentando descifrar los mensajes misteriosos que la torpeza humana ignora.

-Ciertamente él es el rey. Dijo Musa.

-Si. Y muy profundo. Dije yo.

-Sigo creyendo que es malvado y traicionero. Dijo Ali.

-Es inmortal. Continuó Agustín.

-Es como las palabras. Dijo Arifi.
 

 

El viento
 

Ali continuaba reflexionando en voz alta sobre la frase que dijera Mimón sin dejar de repetirla. - (Quien se alaba a sí mismo no entiende el significado de las palabras).

Calló un instante, tomó un sorbo de su vaso de té y dijo:
                      
-Bravo se hace el mar cuando Eolo le dicta su ley y somos los exiliados los más frágiles que sobre sus aguas intentamos navegar aún conocedores de su violencia. Sabemos que es difícil de dominar pero aún así lo intentamos, sabemos  que su abundancia le viene de  los grandes ríos de nuestras tribus que van a desembocar en su seno  y es por ello que albergamos una esperanza, pero estamos rodeados de agua salada por todas partes, es un milagro que éste cayuco-patera se mantenga a flote, sumergidos dentro de un manto de oscuridad porque del cielo han desaparecido las estrellas; Eolo arrastró hasta nosotros  y sobre nuestro cielo acumuló tal cantidad de nubes negras sin agua que nuestro cielo es nuestro infierno, es un mal presagio que el ruido del fueraborda suene a oración de despedida; somos  jóvenes y  la juventud aunque parezca extraño pesa, pesa por el engaño, pesa cuando los días son largos y vacíos, pesa cuando las esperanzas se convierten en condenas, y cuando se ha perdido la esperanza ya no queda nada que perder, la vida misma se convierte en una carga pesada. ¿En quién confiar?, ¿quién nos  dice la verdad?,  ¿podría alguien convencernos con argumentos?, si lo único bueno que nos va a deparar esta vida, es, la futura ¿para qué aferrarse entonces a esta de ahora? Media hundida navega la embarcación por el excesivo peso de nuestras almas perdidas, ese peso que no se ve pero que se siente y respira; el peso de las injusticias eólicas y la opresión de las dictatoriales  y furiosas aguas agitadas y embravecidas. Cuando las olas como guardianes feroces disfrazados de mansos corderos armados con avanzada tecnología psicológica en forma de raquetas juegan  al ping pong con el cayuco-patera, nuestra única preocupación como navegantes es no mojarnos, pues no podría estar mas presente el futuro; y cuando la impotencia del padre alcanza su límite se encoleriza y estrella su puño contra la mesa derramando y tirando todo lo que hay sobre ella. Esta vez el puño de Dios ante su propia impotencia frente al mal llamado humano da de lleno en la pequeña embarcación que se va al fondo igual que sube una burbuja, empero el mar no tiene voluntad y eso  le hace cruel, y la única forma que tiene de expresarse es devolviendo todo aquello que no puede digerir a tierra y la tierra está sometida a no esconder nada, por eso sobre las playas de cualquier costa semejante a cualquier campo de batalla, los cuerpos inertes de los pelotones de voluntarios dibuja cada vez una mueca de tristeza en las caras de sus vecinos impotentes que rezan o maldicen y los que hemos alcanzado la costa sin ser vistos seremos por siempre jamás invisibles.  Mas Eolo sigue soplando y nosotros naufragando.
                                                 
La rabia con la que se había expresado nuestro amigo nos cortó casi la respiración. El discurso que había manado desde lo más profundo del alma de Ali sorprendió a todos pues no era hombre de muchas palabras y detrás de la mesa se oía algún sollozo imposible de reprimir por recientes vivencias. En ese momento de la narración los ojos de Ali se llenaron con dos lágrimas pero una voluntad que manaba no se sabe de qué fuerza oculta las oprimió y al no hallar salida por los ojos salieron por su boca en forma de poema.

Con las piernas entrecruzadas
bajo su largo reisar,
Sobre la piel del cordero sacrificado
cuando nació su hijo Amar.
Cabeza de turbante blanco.
Cara de mil arrugas.
Ojos  secos de lágrimas
por tristezas acumuladas.
El alma en su sitio impenetrable
dictando al corazón.
Con las manos callosas
de octogenario sacrificio,
separaba trigo de piedras
mirando el cernidor.
Contemplando el fondo
como en bola de cristal.
Viendo aquel rostro
de su hijo inmortal.

Mujer en permanente duelo
contra el mar de Alborán.
Esperanza en la otra vida.
Empezaron de sus labios a brotar,
palabras  como leyendo el cedazo.
Tamiz mágico y cruel.

Hijo mío el amor para ti será tu destino,
Necedad en los ojos de tus consejeros,
soledad en medio del bullicio y la algarabía.
Solo veo lágrimas en tu camino.
Hijo no es tu destino la patera.
Ocultas en vientos de poniente
son como garras de pantera.
.
El corazón del cernidor tembló,
y ante el asombro de la mujer habló.

Huyendo de la injusticia,  corrupción y opresión,
Abandoné mis tierras mi familia y mi hoz.
Vendí mi alma empeñé mi corazón.
Huyendo de oriente por alcanzar occidente.
Crucé montes y valles descalzo y con hambre.
Me dejé robar insultar y humillar,
creyendo en la civilización.

Son gentes que huyen del hambre,
en su tierra  nadie los quiere.
Son seres humanos dice un hombre,
de entre mil solo uno a ti se refiere.
Que se vayan a su tierra, aquí sobramos,
muchos de nosotros ni siquiera cobramos.
No hay trabajo  para nosotros,
parió la abuela porque éramos pocos.
De reojo por las calles te miran,
casas vacías pero no te las alquilan.

Contestó la madre al cedazo,
agachada sobre su regazo,
Siendo ella misma el regazo.
¿Qué desilusión verdad?
¿Ya no es atractivo el mundo occidental?

Pero si no me han dejado expresar
¿Cómo creen que me conocen?
Yo soy capaz de trabajar,
Dios es mi testigo.
No merezco semejante castigo.
Mi madre, mi gente, mi amigo,
Nunya jamás podré casarme contigo.
Vivía en la injusticia,  opresión y  corrupción,
Pero era libre como un pájaro que se mueve entre los arroyos.
Yo era como una canción,
Tenía alma, era como los días.

Toma bebe un trago que así te olvidas.

Me olvidé el lunes.
Me olvidé el jueves.
Me olvidé hace un mes.
Me olvidé hace dos años.
Pero ahora ya tengo amigos
Todos me invitan a beber.
Porque yo ya no necesito comer.
Me he vuelto un borracho que llora por el vino.

La del turbante blanco sacudía el cedazo contra el suelo.
Con rabia le decía.
¡Te lo he dicho!
¡Te lo he dicho.
Hijo mío no te vayas!

Vamos abuela cálmate,
el tío hace ya  que murió.
No, no ha muerto, he hablado con él,
está bien,
ha recuperado sus fuerzas y su fe,
Dios oyó sus ruegos, aún, estando él borracho.
Recuperó su libertad, aún, estando él preso.
 Me habló, aún, después de decir tú que está muerto.
              

 
El tutor
 

Apresuróse Musa intentando después de un corto silencio que se antojaba eterno a cambiar el estado de ánimo de aquellos afectados. Y diciendo:

-Es realmente un poema lleno de emociones. Recuerdas amigo Ali, que nuestro amigo Mimón ha dicho que el mar le dijo después de tanto insistir sobre lo que es el amor.- (Si después de tantos encuentros aún no sabes lo que quieres, ¿por qué vienes a mí?, ¡vete a tierra junto a los tuyos, que allí encontrarás lo que buscas!)

 Pues, bien, El mar, tenía, o tiene razón porque la contemplación no es de naturaleza esotérica; la contemplación es hija de la razón, basta una frase, a veces una sola palabra para elevar el espíritu por encima de miserias y banalidades que a muchos espíritus ahogan en una desesperación, convirtiendo al miedo en guía de sus vidas que les bloquea  los sentidos que son los verdaderos instrumentos de los que se sirve la razón que nos lleva al mundo de la contemplación, que no es otra cosa más que la observación. Observación del vecino, observación del entorno, observación de uno mismo. Observación profunda limpia de opiniones, porque, las opiniones debemos observarlas como tal, simples opiniones. La prensa opina, los políticos opinan, las iglesias opinan, los colectivos opinan. Y no deben influir en nuestra contemplación las opiniones ajenas. El camino recto del que se ha oído hablar en todas las grandes civilizaciones, no es otro que el recomendado por el mar a  nuestro amigo Mimón.  

 (Vete con los tuyos) le dijo. Abre los ojos y mira. No desprecies la belleza que hay a tu alrededor. Todo depende de ti. Y es por eso que yo suelo dar grandes paseos a lo largo del río, cuyas orillas están arropadas con verdes vergeles donde toda clase de frutas y verduras se unen en asamblea y es el orden natural quien dicta sus leyes. Donde la única mala hierba discriminada es la pisada del hombre blanco, rostro pálido cazador de ballenas y exterminador de búfalos. Al asesino de mujeres y esclavizador de los niños. Al avaricioso que acumula en su despensa la comida de los huérfanos. Al hipócrita conocedor de las leyes que distorsiona en su provecho. Al hipnotizador que promete el más allá, para beneficiarse del más acá. Allí, los colores no son como en los hemiciclos de sus señorías, allí brillan con su propia luz el blanco y el negro, y la única luz discriminada en el anfiteatro de la naturaleza, es la ausencia de la razón integradora. El murmullo del agua es a veces apagado por el trinar de todas las especies de pájaros, diminutos y grandes, que cuando pausan en sus cantos, ese murmullo suena con más intensidad, y es como el crescendo la música de fondo que elimina al contemplador para hacerle formar parte del todo inseparable. Allí soy como la semilla que deja brotar su contenido al aire libre, que se asoma a respirar libre y quiere crecer buscando su luz y su calor. Otros árboles a mi alrededor crecen, pero una mano invisible me coloca un tutor, me atan a él obligándome a continuar su senda y es así como nace mi odio por aquellos que crecen torcidos. Creyendo yo que crecer recto es lo perfecto. Pero un gran alboroto que con sus juegos me regalan dos pájaros, hace que mi atención se vuelva hacia ellos  y me fije en la rama de ese hermosamente torcido árbol, y como un pellizco que me despierta de una mala pesadilla, me pregunto. Si se rompe la cadena que me ata al tutor, torcido creceré yo también. ¿Dejaré entonces de odiar a las otras plantas como yo torcidas, y tacharé de esclavas a las que al tutor siguen atadas? Y oigo una música celestial que me fragmenta eliminándome como individuo, y es entonces cuando alcanzo mi máxima expansión abarcándolo todo, soy entonces planta y tutor, semilla y tierra y vislumbro la belleza de crecer recto y también la belleza de crecer torcido. Las olas forman parte de este océano, los criterios desaparecen, los colores, las costumbres y las edades crecen como tallos de una misma planta y hacen brotar bellas flores que desprenden fragancias embriagadoras y nadie distingue quien es quien. El amar es una canción que es cantada por la vida misma y aquel que pueda oírla habrá encontrado ya su destino. Habrá encontrado en la belleza los secretos ocultos de la unión.

Lo más bello de mí, escondo,
Como un juego sin fin, pretendo.
Que otro encuentre estoy esperando,
Mí más preciado tesoro oculto.
De mi madurez nace mi infancia.
Que velada está
Por la cotidiana apariencia.
Mientras a las ideas  rindo culto,
Más rigor la defensa adquiere.
Es tan cruel ésta apariencia,
Nadie sabe que solo es juego.
A todos con celo rechaza.
Voy gritando luego,
¿Quien quiere ver mi belleza?
La apariencia hasta de mi defiende,
Su tesoro que ya no es mío,
Continuar con el juego pretende
Camuflada es parte del trío.
Queriendo ser ella el tesoro.
 

 
Awar inu
 

Miré a mí alrededor cuando nuestro amigo Musa acabó su historia que quedé sorprendido del efecto que sus palabras habían operado en las almas de aquellos seres, que como masa en manos de un experto alfarero, modelaba a su antojo. De sus facciones habían desaparecido las huellas de incertidumbre que habían dejado las palabras y la rabia con la que fueron expuestas las razones de nuestro amigo Ali. Sus semblantes habían dejado paso a una expresión de paz como reflejo del estado de sus almas. Arifi, también se dio cuenta del cambio efectuado en estos nobles y sencillos espíritus. Y es por ello que dejó escapar un suspiro que era más elocuente que todos los argumentos y discursos eruditos, exclamando en voz alta su total desacuerdo con todo alfarero.

- ¡Palabras!  ¡Palabras! ¡Todo, no son, sino palabras!  (Exclamó  nuestro amigo Arifi. En su faz se había operado un cambio. Él, que, es uno de nuestros amigos más sereno y conciliador de todos, al que muchas veces había que darle un codazo para hacerle volver a nuestro lado de sus meditaciones) -. El único poder, (continuó)... que emana desde cualquier ente no es sino el color con el que se cuenta para pintar a cualquier incoloro, la falta de color impresiona al mismo color, y no es la Verdad cambiar un color por otro, la única Verdad es limpiar de todo color lo manchado. Pero, tú, Awar, conviertes la estridencia en armoniosos sonidos de flauta, suaves y melodiosos que sosiegan el corazón después de haberlo agitado. Te haces servir de la lengua de las abuelas que con sus narraciones  devuelven  la infancia. Donde todos siguen corriendo en medio del trigal junto a sus perros levantando perdices entre risas y carcajadas olvidándose de todo. -En el nombre del soberano awar,  que me ha posibilitado  predicar en el desierto y ha dotado de alas mi lengua, doy las gracias por tu infinita misericordia. Sin ti, jamás habría conocido las instituciones donde gracias a ellas yo aprendí a leer y escribir. Doy las gracias por los profesores que tú colocaste en las universidades que me enseñaron a comprender y razonar, que me sacaron de la ignorancia enseñándome con sus ciencias a ver.

¡OH Awar! Cuando yo ingresé en las filas de tu partido lo hice sin saber y sin querer, igual que cuando nací. Cuando de niño empecé a relacionarme con otros fue por tu causa. Y cuando tuve que pelearme con alguno de ellos también fue por tu causa. Si alguno de ellos no te conocía era objeto de burla. Los que te conocen muchas  veces difieren de cómo eres, pues tú no te manifiestas a todos por igual.

En esta vida no hay más soberano que tú. Eres creador, das el poder y quitas la vida, seduces al mundo y embriagas la mente, rompes el corazón y enamoras la belleza, te conviertes en todos sin dejar de ser tu mismo, haces reyes, dictas leyes e impones dictadores, decides la guerra y la paz. Eres el objetivo del subjetivo, alquimia de las ciencias. Eres cuerpo, alma y espíritu. Nunca mencionas nada sin darte a conocer.

Creas la sencillez y la haces contraria a la dificultad, generando paz para la admiración y la contemplación. Así creas calma, sosiego, quietud, poesía e inspiración.

Del uno haces multitud, descubres al idiota camuflado, arrinconas al hipócrita y desnudas al soberbio. No respetas la intimidad y faltas al respeto. Todos te necesitan y tú no necesitas de nadie. Eres omnipresente. Sin ti no hay amor ni guerra. No hay bien ni mal. Oprimes y ensalzas tanto con tu presencia como con tu ausencia. Das y quitas la razón. ¿Hay algo más poderoso que tu?

¡OH! Awar. ¡Qué sencillo y que grande eres!

Describes las maravillas con igual indiferencia que lo haces con los horrores. Encoges de miedo los corazones y quemas almas. Haces brotar lágrimas y produces carcajadas. No eres ni bueno ni malo. Eres masculino y femenino, plural y singular. Eres verbo y sustantivo.

¡OH! Awar. “Palabra” es lo que eres. Haces que un remolino  arrastre hacia el interior asfixiando en un océano de cordura. Porque son las grandes olas de ignorancia coronadas con su cresta de espuma, las ilusiones que se manifiestan. Cual criaturas horribles que merodean en la oscuridad mental, donde habitantes abismales de naturaleza esquizofrénica custodian, mientras grandes bocas llenas de dientes cariados y rotos, ríen con estridencia.

Awar, awar inu. Hoy, después de siglos contaminados por experiencias, que poco a poco han ido depositando en la memoria sus residuos de prisas y miedos,  inducen al error y  falsas interpretaciones. Cuántas veces disfrazado te han reconocido, y cuántas veces te has manifestado tal cual eres, y sin embargo te han negado. Cuántas imaginaciones haces que se construyan a tu alrededor para ir por caminos separados, y es, el deseo multicolor. Palabra, palabra que desconciertas.

…Como escupiendo la pluma con engaños,
sobre el inocente papel perplejo,
falsas historias de antaño,
e invenciones de entendimiento complejo.

Metamorfosis, vida propia al inerte,
que orgulloso exclama impaciente.
¡Yo soy vida, yo soy el arte!
De la esencia de la tinta ignorante.

Solo de la sombra del verdugo se percata,
sobre la tarima, sin ver y se pregunta.
¿Qué hay tras la nada que no se acepta?
¿Se alivia el dolor que la fuerza quebranta?

Cae abatida la pluma cansada,
su última gota de tinta derramada,
con ello su sentencia firmaba,
sin punto y seguido, un guión dibujaba.

En el papel se detiene la vida,
por falta de continuidad sufrida.
Nace y muere la corazonada,
Porque no estaba la frase acabada….

Y es que la palabra no tiene fin. ¿Por qué creéis que nos han dicho que somos hechos a semejanza de Dios? ¿Y otros  declarar que nunca se le ha atribuido  ningún atributo que no estuviera ya en el hombre? La vida, la visión, el oído, la voluntad, la sabiduría y el poder. Pero no se les atribuye libertad.  ¿Por qué?.
 

 
Continúa en segunda parte
 

 

 
 
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